Las dos primeras etapas del “sinceramiento fiscal” finalizaron el 31 de diciembre del 2016. El resultado fue la exteriorización de 97.842 millones de dólares. El 14 por ciento (13.715 millones) estaba en el país y el 86 por ciento (84.127 millones) en el exterior. Los especialistas estiman que la suma total del blanqueo podría superar los 130 mil millones de dólares al finalizar la tercera etapa.

La última estimación realizada por Jorge Gaggero arroja que existirían 374.000 millones de dólares offshore de residentes argentinos. La fuga de capitales es contracara, en la mayoría de los casos, de la evasión impositiva. La pérdida de capacidad recaudatoria de los fiscos locales empeora la distribución del ingreso. La dupla constituida por los paraísos fiscales y los bancos internacionales constituye un elemento clave para canalizar esa fuga.

Los investigadores Jorge Gaggero y Magdalena Rua explican en “La banca privada” en la gestión de fortunas, publicado en Revista Realidad Económica N°303, que “la banca global gestiona este negocio a través del sector de private banking (private, en el sentido de secreto o privacidad), que brinda el servicio denominado wealth management. Este consiste en asesoría y gestión para las inversiones de personas con altos patrimonios –con activos involucrados superior a los 250.000 dólares– y de las entidades con ellas vinculadas. Los servicios ofrecidos incluyen la apertura de cuentas bancarias offshore de personas físicas y jurídicas, interposición de sociedades “ad hoc”, fundaciones o trust que son constituidos en guaridas fiscales con la finalidad de mantener el total anonimato de los beneficiarios reales.

Existen distintas estrategias para la captación de clientes. La apertura de una oficina private banking, en el país seleccionado, es una posibilidad siempre que lo permita la legislación local. Otra alternativa es ofrecer idéntico servicio utilizando la figura de un “intermediario financiero”.

El Fondo Monetario Internacional estima que la riqueza privada offshore, excluyendo del cálculo a Suiza, alcanza los 18 billones de dólares.

El rol activo de los bancos globales como facilitadores de la fuga de capitales está fuera de discusión. Por ejemplo, el Senado de Estados Unidos demostró que los bancos UBS y Credit Suisse abrieron miles de cuentas no declaradas de contribuyentes estadounidenses en Suiza.

Ese cuerpo legislativo también comprobó que el HSBC había facilitado el ingreso de fondos a Estados Unidos provenientes del narcotráfico y el “terrorismo internacional” (en este último caso incluía operaciones financieras iraníes ligadas con el desarrollo de su industria nuclear).

La información aportada por Hervé Falciani, ex informático del HSBC Private Bank de Ginebra (Suiza), develó la existencia de 130.000 cuentas bancarias offshore que superaban los 102.000 millones de dólares e involucraban a 106.000 personas residentes de 203 países. El ranking de cantidad de cuentas secretas –discriminadas por la nacionalidad de sus titulares– era encabezado por Suiza, Francia, Reino Unido, Brasil, Italia, Israel, Argentina, Estados Unidos, Turquía y Bélgica.

Otro antecedente argentino es la denuncia abierta en 2008, con los datos aportados por el ex directivo Hernán Arbizu, contra el JP Morgan.

“La existencia de muchos otros bancos internacionales involucrados en evasión fiscal, fuga de capitales y lavado de dinero, y la multiplicación de denunciantes internos que advierten patrones comunes de acción, parecen indicar un comportamiento sistemático y generalizado de gran parte de estas entidades financieras”, concluyen Gaggero y Rua.

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