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Reflexiones sobre la tributación Argentina4 min de lectura

Mucho se ha escrito respecto de la necesidad de encarar una reforma fiscal en Argentina. Hay fundamentos de sobra que legitiman este debate y lo hacen parte de la coyuntura política, económica y social.

Adrián Falco

Al igual que en la mayoría de países de la región se requiere, en Argentina, que la política fiscal funcione como una potente herramienta para la reducción de asimetrías y la diversificación productiva, modificando las tasas de ganancia de acuerdo a las prioridades nacionales, entre otras medidas concretas y al mismo tempo posibles de materializarse.

Sin embargo, en el caso argentino es difícil analizar datos, hacer estimaciones o proyecciones precisas debido a la poca confiabilidad de los datos estadísticos. Lo que sí es posible hacer es explicitar el por qué es necesaria una reforma.

Uno de los más graves problemas de la Argentina, sino el más grave, es la inequidad social que se arrastra desde hace décadas. Y si bien, es de destacar el esfuerzo de la actual administración por solucionar este flagelo con medidas que universalizan derechos como las pensiones, la salud y la educación, aún falta caminar mucho.

Política Fiscal

El circuito de la política fiscal consiste en que el dinero que el Estado recauda por concepto de impuestos, tasas y contribuciones es luego redistribuido en la sociedad de diferentes maneras, pero con el objetivo de mejorar las condiciones materiales de vida de los ciudadanos. Sin embargo, diversos fenómenos como las sucesivas crisis económicas o la influencia de los grupos de poder en las decisiones públicas mellan la capacidad de recaudación tributaria. Si a eso se suma ineficiencia en la redistribución de los recursos la desigualdad social se dispara.

En muchos países, los grandes porcentajes de evasión y elusión fiscal se apoyan en mecanismos como la manipulación de precios de transferencia, y los paraísos fiscales. El resultado es regresión tributaria: se recauda más a través de impuestos indirectos (los que pagamos todos) y menos a través de impuestos directos (a la renta o al patrimonio). En este punto la reforma tributaria se convierte en un imperativo.

Caso argentino

El sistema tributario argentino tiene dos impuestos considerados regresivos porque atacan directamente al consumo. Si tenemos en cuenta que el modelo económico basa sus expectativas de crecimiento en hacer fuerte el mercado interno y en inyectar fondos para hacer crecer la demanda agregada, para muchos no es comprensible que no hayan sido aun reevaluados y reformulados, tanto el impuesto al valor agregado (IVA), que tiene una tasa de 21 por ciento; como el impuesto a las ganancias, que alcanza en su mayoría a los trabajadores de las clases medias.

Este último impuesto, se supone, tiene carácter de “impuesto progresivo” en términos de que quien más paga es quien más gana. El otro impuesto, el IVA es pagado por todos los estratos sociales sin distinción, desde el más rico hasta el más pobre.

En el caso del impuesto a las ganancias, la discusión está abierta y el debate en pleno apogeo, ya que una gran franja de la población mantiene su condición de asalariada y al mismo tiempo ha visto, en los últimos años, mejorar sus ingresos debido a los aumentos de salarios producto de la discusión paritaria entre obreros y patrones.

En julio de 2012, ambos impuestos mostraron la mayor alza en relación al mismo periodo del año 2011. El IVA creció un 17.6 por ciento y el impuesto a las ganancias un 20.7 por ciento. Esto evidencia el crecimiento de la actividad económica del país de un año a otro. Y en tal sentido, hay quienes se preguntan si en realidad necesitamos una reforma fiscal o más bien la promoción de una cultura tributaria distinta, ya que las cifras indican que el impuesto directo es el que ha crecido más.

Queda claro que la economía argentina está lejos de una recesión o incluso de una ralentización. Todo lo contrario. Y en ese punto además de seguir elevando la presión tributaria vía impuestos que graven la renta, especialmente del gran capital, se debe seguir profundizando una distribución equitativa del ingreso.

Fuente: Economía Crítica

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