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Reducción de la desigualdad en Latinoamérica sufre desaceleración6 min de lectura

La historia de que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres dejó de repetirse en Latinoamérica en la primera década de este siglo. Fue algo inédito para la región y además ocurrió en dirección contraria a lo que estaba sucediendo en el resto del mundo. Tanto fue así que el Banco Asiático de Desarrollo alertó en un reciente informe sobre la desigualdad en su continente y puso como ejemplo a América Latina. Hasta ahora eran siempre los países latinoamericanos los que buscaban en Asia modelos de crecimiento. Y la caída de la aún alta inequidad latinoamericana, la región que sigue siendo la más injusta del planeta, fue posible por la expansión del empleo, en especial el formal, y las políticas sociales. Pero diversos organismos internacionales alertan ahora de que los progresos en la redistribución del ingreso se han acotado o directamente se han estancado en la década actual.desred

“Ante las limitaciones que la región enfrenta para poder sostener los avances en materia económica y social logrados en la última década (2000-2009), la CEPAL propone reorientar el desarrollo sobre la base de la igualdad y la sostenibilidad ambiental”, afirmó este lunes la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) al presentar un documento al iniciarse sus sesiones anuales en Lima. En un reciente artículo en un blog del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), su economista jefe para Latinoamérica, George Gray Molina, advirtió de que la disminución de la desigualdad está desacelerándose, y en algunos países se ha estancando. Se basa en los números publicados por la Base de Datos Socio-económicos para América Latina y el Caribe, un proyecto del Banco Mundial y la Universidad de La Plata (Argentina). La conclusión se asemeja a la que el año pasado en una entrevista en este blog hacía la decana del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín, Barbara Fritz.

Entre 2000 y 2010, el índice Gini de desigualdad de ingresos había caído en Latinoamérica en un promedio de 0,94% por año, mientras que en 2011 se redujo en “solo” un 0,33% y en 2012, en un “insignificante” 0,02%, alertó Gray Molina. Este economista y su colega del PNUD Eduardo Ortiz se centraron en el estudio de seis países. “México y Panamá, y en menor medida, Brasil, vieron una desaceleración en la tendencia de la desigualdad al comparar 2002-2007 y 2007-2012. Sin embargo, si movemos el periodo de comparación a 2007-2011, podemos añadir a República Dominicana, Chile y Paraguay a la lista de países donde la desigualdad de ingresos está estabilizada”, señaló el economista jefe del PNUD para la región.

La desigualdad podría dejar de bajar tanto por uno o más factores, según Gray Molina: unbajo crecimiento de los ingresos laborales entre los trabajadores de menos recursos, un menor efecto de las transferencias sociales, tanto por restricciones fiscales o cambios en la focalización, y/o un menor impacto de las pensiones, por las mismas razones. El economista considera que, dado que no ha habido demasiadas modificaciones en la extensión de pensiones y transferencias sociales ocurrida en la década pasada, la razón principal puede radicar en el empleo, “especialmente el segmento de baja calificación del sector de servicios, donde se creó la mayoría de los nuevos puestos de trabajo durante el periodo de prosperidad económica”.

Gray Molina opinó que una manera de “enfrentar el estancamiento de la desigualdad es fortalecer las redes de protección social, centrándose específicamente en cómo reforzar los retornos a la educación para segmentos diferentes del mercado de trabajo”. “Esto se relaciona con la pregunta de por qué algunos países son capaces de mantener el crecimiento con incrementos en la productividad, más que a través de un boom (alza) de los precios externos”, añadió el analista de origen boliviano. Sociedades con ciudadanos más formados suelen producir bienes y servicios con mayor valor añadido.

La CEPAL, que dirige la mexicana Alicia Bárcena, propone como solución que los países de la región se comprometan en pactos que aseguren una política fiscal más redistributiva, un incremento de la productividad de las economías, una mejor provisión de bienes y servicios públicos, como salud, educación, transporte, seguridad y medio ambiente, una mayor gobernanza de los recursos naturales y un aumento y diversificación de la inversión. También aboga por la universalización de la protección social y una política industrial y a favor de la economía verde.

La agencia de Naciones Unidas con sede en Santiago de Chile alerta de que Latinoamérica “enfrenta una encrucijada que combina restricciones externas, como el estancamiento de la demanda y la pérdida de dinamismo del comercio internacional, y problemas endógenos que limitan el desarrollo futuro”, como “las altas tasas de informalidad laboral, los bajos niveles de inversión con poca incorporación de progreso técnico, el déficit de servicios públicos y la presión sobre el medio ambiente” en economías muy dependientes de la explotación de recursos naturales, sobre todo en América del Sur.

En concreto, la CEPAL reclama reformas tributarias para aumentar los ingresos públicos. Además señala que el crecimiento latinoamericano de los 2000 ha sido liderado por el consumo y no por la inversión, pero no solo propone que esta última variable se incremente sino que también crezca el gasto público, que resulta menor que en los países desarrollados en relación al tamaño de sus economías. Dado el coste ambiental del uso de combustibles fósiles, que además son importados por diversos países de la región, el organismo sugiere gravar su consumo y subvencionar el acceso a ellos de la población de menores ingresos.

“Para maximizar su contribución al desarrollo, la Comisión plantea un pacto para la gobernanza de los recursos naturales que procure la participación progresiva del Estado en las rentas derivadas de su explotación y la existencia de mecanismos institucionales que permitan el ahorro de esas rentas para las generaciones futuras y su inversión pública eficiente”, propone el organismo que sesionará en Lima esta semana. Para no depender solo de las riquezas naturales, la CEPAL insiste en revitalizar los incentivos de la política industrial, de modo de diversificar la estructura productiva, con más progreso técnico y más productividad. Es así que podrán pagarse mejores salarios y además la región no será tan vulnerable a eventuales caídas de las cotizaciones de los productos básico.

El discurso no es nuevo en Latinoamérica, pero cobra actualidad en tiempos en que algunos otros organismos internacionales y economistas llaman a que la región se conforme con su papel de proveedor de materias primas como supuesto medio suficiente para el desarrollo.

Artículo publicado por Alejandro Rebossio.

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