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Artículo publicado originalmente en Economía Crítica.

Grande es su poder y por presión de la FIFA se cambió la legislación brasileña para que se permita el consumo de cerveza en los estadios.

Por Rodolfo Bejarano.

La Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), la organizadora de los mundiales, sin que entes que la fiscalicen, ha admitido que tiene casi 1,500 millones de dólares de reservas en sus cuentas. Lo que no es de extrañar y deben estar protegidas por las leyes de un paraíso fiscal como es Suiza, donde es
tá su sede.

Por su manera de imponer la ya conocida “Ley General del Mundial” y por otras cosas, la imagen de la federación está muy venida a menos. Incluso Diego Armando Maradona, quien actualmente labora en Telesur, ha denunciado que hay cosas oscuras en las elecciones de las sedes mundialistas para el Mundial de Qatar, país elegido como sede de justa mundial para el 2022.

Sin duda el fútbol se ha convertido en un rentable tanto para las estrellas del balompié que, según denuncias, conocen también las artes de la evasión de impuestos, así como para las grandes empresas patrocinadoras del Mundial.

Pareciera que FIFA, como una transnacional, ve en los grandes eventos deportivos la oportunidad de ganar nuevos mercados aprovechándose de la pasión que genera el deporte más popular del mundo.

Es urgente que se tomen medidas para que todo el sistema que envuelve la realización de las copas mundiales sea reformado, empezando por la FIFA, de modo que se establezcan normas justas y transparentes para evitar que se den abusos con los países anfitriones.

En un contexto de debate internacional para atacar los mecanismos que permiten la evasión y elusión de impuestos se debe aprovechar toda ocasión para exigir que las corporaciones paguen lo que les corresponde en beneficios de los ciudadanos.

Campaña como la lanzada por la ONG española InspirAction llamada “Las jugadas de la FIFA” intentan llamar la atención sobre este problema, evidenciando que el gran perdedor por goleada es el pueblo brasileño, mientras que las grandes empresas son las que se llevan la copa.

En el Mundial Brasil 2014 se derrochan más de 14 mil millones y hay estadios aún inconclusos. Esto no es nuevo. Cuatro años atrás ocurrió lo mismo en Sudáfrica, país con altos niveles de pobreza y problemas sociales donde se invirtieron millones para la construcción de estadios e infraestructura vial y hotelera a fin de recibir a los equipos y sus seguidores, pudiendo haber destinado ese dinero a mejorar las condiciones de vida de la gente.

Existen una serie de cuestionamientos que poco a poco van saliendo a la luz y que atacan directamente a la entidad que estás detrás del deporte rey y que lo ha convertido en un lucrativo negocio que mueve miles de millones por cada gran evento que organiza la FIFA.

PODER TRANSNACIONAL
Los cobros por derechos de transmisión de los partidos y los ingresos por poner en vitrina las marcas auspiciadoras son realmente astronómicos. Al cierre del mundial 2014 se calcula en unos 4 mil 500 millones de dólares, algo que para una organización autoproclamada “sin fines de lucro” resulta por lo menos indignante.

La FIFA se ha convertido en una de las entidades más grandes del mundo. Tiene más países afiliados que la propia Organización de las Naciones Unidas (ONU): 208 frente a 193; y al mejor estilo de una empresa transnacional busca maximizar sus ganancias en los países donde organiza cada cuatro años la copa mundial. Peor aún, ha construido un poder que le permite presionar para obtener incluso reformas institucionales como lo podría hacer el Fondo Monetario Internacional (FMI). Es decir que la FIFA parece ser una gran transnacional pero con la influencia de un organismo multilateral.

Esto está claramente evidenciado por la “Ley General del Mundial” que es usado como marco normativo por la FIFA donde va. En este caso fue impuesta también en Brasil y promulgada por el Parlamento brasileño en el 2012, a pesar de las acusaciones de inconstitucionalidad por parte de la propia Fiscalía de Brasil, que advirtió en su momento sobre la violación de diversas normas nacionales al dársele demasiadas ventajas a la FIFA y a sus socios comerciales.

En Brasil se ha demostrado que ni siquiera un pentacampeón puede resistir las presiones de Joseph Blatter y compañía.

MUNDIAL DE MARCAS
Incluso, por presión de la FIFA se cambió la legislación brasileña para que se permita el consumo de cerveza en los estadios, algo que estaba prohibido desde hace una década como una forma de prevención de la violencia durante los partidos.

Lo más escandaloso son los privilegios fiscales de los que gozan todas estas grandes marcas y empresas multinacionales que patrocinan la cita mundialista. Se estima que el país anfitrión dejará de percibir unos 400 millones de dólares por concepto de impuestos no cobrados a la FIFA y sus socios comerciales, lo que incluye exenciones a los impuestos aduaneros para las importaciones de marcas auspiciadoras, sin contar los beneficios por la eliminación de los costos laborales relativas a sus actividades y el monopolio obtenido en la venta de sus productos en los estadios y los alrededores en un radio de 2 kilómetros.

Artículo escrito por Rodolfo Bejarano, investigador de la Red Latinoamericana de sobre Deuda, Desarrollo y Derechos.
También fue publicado en el Diario LA PRIMERA.
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